Una bola de cristal

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Ha caído en nuestras manos un inquietante documento fechado en 2022.

“De acuerdo con las cifras oficiales, en España había muerto una media anual de 7.000 personas por gripe durante los cinco años anteriores a la pandemia. A partir de mayo de …, cuando se inició la primera ola [de la epidemia actual], se contabilizaron 143.930 defunciones por ... durante ese año, 21.094 al año siguiente y 17.841 a los dos años. Se consideró, por lo tanto, que esta terrible epidemia de … causó 182.865 víctimas.”

“Pero la dimensión de la tragedia fue mayor porque, como veremos a continuación, las muertes están claramente subestimadas. La … no es siempre una enfermedad de fácil diagnóstico debido a que sus síntomas coinciden con los de otras enfermedades. El riesgo de equivocaciones a la hora de certificar la muerte creció considerablemente en … como consecuencia de la inusual gravedad de muchos de los enfermos. Éste sería el caso de las primeras tres causas de muerte que vemos… Podemos dar por supuesto que el aumento de un 88% que se produjo en «enfermedades del aparato respiratorio» en … sobre la media de años anteriores fue debido a muertes epidémicas. Otro tanto se puede asegurar sobre los incrementos registrados bajo «bronquitis aguda» y «neumonía». Las complicaciones de la … se presentaron normalmente bajo la forma de neumonías o bronquitis purulentas.”

“Por otra parte, hay que pensar que la … es muchas veces causa indirecta de muerte entre personas que padecen otras enfermedades. Ésta sería la explicación del aumento que se produjo en las tres causas siguientes: «bronquitis crónica», «enfermedades del corazón» y «tuberculosis pulmonar». En cuanto a esta última enfermedad, hubo por entonces una divergencia de opiniones sobre la susceptibilidad o no de los tuberculosos a la .... Existen innumerables estudios de la epidemia en sanatorios.…”

“Si sumamos las cifras oficiales de … durante los años epidémicos y el exceso de mortalidad por otras causas que aparece en el cuadro para el año …, nos encontraremos con un total de 272.951 defunciones. Pero dada la poca precisión del método habría que hablar en términos aproximados que oscilan entre los 260.000 y 270.000”.

Epílogo

El volumen de muertes es impresionante, solo comparable, en el pasado reciente del país, al que se calcula en torno a las epidemias de cólera del siglo XIX y a las causadas por la última guerra civil.

Un "prefacio", al fin, sí

Como el lector habrá sospechado, esto no es una profecía del futuro, es una crónica del pasado de una pandemia que sufrió la humanidad hace 102 años. La investigadora Beatríz Echeverri describía en un excelente libro de 1993, lo que antecede, la evolución de la gripe de 1918 en España. Si el lector rellena los huecos escribiendo gripe y los años de 1918 y siguientes, obtendrá la redacción original (págs. 119 y siguientes).

Sirva solo como orientación de lo que puede suceder, nada de alarmar. Como bien nos recuerda el historiador Julián Casanova, la historia no se repite, pero rima.

Aquella gripe de 1918 no tuvo una incidencia tan fuerte en nuestros pueblos como para terminar con cientos de personas en fosas comunes y esta del COVID19 no debería ser peor. Porque estamos en un momento de la historia con la ciencia en su apogeo, con un conocimiento de los ADN y ARN de nuestros propios cuerpos y nuestros enemigos, y más tarde o más temprano, tras unas decenas de miles de muertes inevitables ante un virus nuevo (a día de hoy llevamos 5.746 a nivel mundial) tendremos, o anticuerpos naturales, o medicamentos o mejor, vacunas.

Pero en España, que tanto presume de su sanidad (como en su día lo hacía de la solidez de su sistema financiero antes de la crisis de 2008), hace días que vemos cuáles van a ser los talones de Aquiles de nuestras medidas de contención en España. Y no hace falta hacer profecías, sino mirarnos en nuestros vecinos italianos. No estamos haciendo pruebas de diagnóstico del virus a todos los candidatos para rastrear y aislar, sino dejando contagiar y enviando a casa para “no colapsar el sistema sanitario”. Con un déficit de diagnósticos no se puede proteger a las unidades familiares y compañeros de trabajo. Si aumentamos ese factor de peligro, clave de por sí, con nuestra mediterránea falta de visión de nuestras obligaciones sociales y que nos miramos el ombligo con nuestros derechos... Mientras el "miedo" o la prevención se extendía por muchos países, desde hacía semanas en España hacemos manifestaciones tan vitales e impostergables como la del 8M...

¿Cómo afrontar bien una epidemia contra un virus nuevo?

He aquí un ejemplo de éxito. En este artículo hay un estupendo enfoque de cómo ha abordado la epidemia un país muy similar en población a España, Corea del Sur. Muy recomendable. Haciendo cada día tantos análisis como España en total, en Corea se acota a cada enfermo y evitan contagios a familias y terceros. El índice de mortalidad del virus allí es bajísimo. El de España se va acercando al de… China.

Conduciendo por la izquierda.

Otra forma de hacer las cosas, ¡a lo bruto!, aplicando la mentalidad de un liberal económico a una crisis sanitaria, con liberalismo circulatorio y que se salve el que pueda, como decía hace unos días el inefable político Boris Yelsin… ¡Ah, no,... Boris Johnson!

La inmunidad de rebaño existe, pero normalmente lo aplicamos en sentido positivo, cuando por ejemplo el 99% de la población está vacunada contra una enfermedad y no puede padecerla ni transmitirla. Y entre medio queda un pequeño grupo de personas que no se ha vacunado, bien porque viene del extranjero o porque es un iluminado que ha descubierto la verdadera forma de ser inmortal: ¡no vacunarse! Pero en cambio el pequeño grupo está protegido indirectamente porque los demás no promueven la circulación del patógeno. En eso consiste.

En cambio lo que dice de aplicar Johnson es conseguir la inmunidad de rebaño a base de enfermar cuando nos toque, casi todos a la vez; y los que sobrevivan, los que queden que no la hayan contraído, ya estarán en un estado de equilibrio natural hasta el próximo rebrote. Parece que Johnson cuenta con un nivel de empatía hacia los demás de nivel bajo cero, porque seguramente cuenta con que él no está entre los grupos de riesgo de morir; y que además su sistema sanitario hará todo lo posible por salvar la vida de ese ególatra. Parece claro que no se identifica con aquellos que se verán solos, aislados en casa por orden gubernativa, esperando unos cuidados médicos que en lo peor de la crisis no darán abasto para salvarle.

Lo superaremos como humanidad, sin duda

En cualquier caso, aún siendo realistas y no dejándonos engañar por la propaganda autocomplaciente y nuestros buenos deseos, mi más sicero apoyo a nuestros profesionales sanitarios, que seguro que sacan todo el partido al material, habitaciones y hospitales de que disponemos. Y a nuestras administraciones, que esperemos que estén volcando todos los medios necesarios en atajar esta epidemia.
Y nuestras industrias farmaceúticas, químicas y proveedores hospitalarios, también se merecerán un reconocimiento y mejor trato mediático y administrativo en el futuro, espero. No vamos a estar estrangulándolas durante los periodos de vacas gordas, y exigirles milagros a la primera crisis.
Esta será una buena práctica para las epidemias que llegarán en el futuro, en unas décadas, como han hecho desde que el mundo es mundo.

Bibliografía y hemeroteca

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